Los mortales se nutren de trabajo y salario
Los mortales se nutren de trabajo y salario
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(Friedrich Hölderlin)
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Es miércoles. Es noviembre. Hace
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frío,
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y en el restaurante frente a la estación
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cinco mujeres rápidas apuran sus bandejas.
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Bajo el abrigo, la maleta —las otras dos
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protegen el respaldo—, cuatro mujeres
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en orden
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a las cuatro de la tarde
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disuelven su consuelo en el café de un euro.
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Comida rápida,
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paño de las mujeres solas.
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Oh pollo deconstruído, oh pan de Latinoamérica;
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oh almuerzo y microondas, manás de los autónomos,
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himno de los estómagos vacíos; ahora pienso
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en nuestras digestiones. Pienso en la hipermetropía:
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en quién ser y hacia dónde
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nos dirigen las mujeres. Pienso:
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madre,
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luna rota de arlequín.
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Mis tres horas de sueño acodadas en la ventanilla,
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la bandeja de plástico, la merienda barata
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—dos mujeres impacientes a las
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cuatro y media de la tarde— porque yo
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no guardo los domingos. De repente, a la altura
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de Parla, a una yema de dedo,
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(Madrid,
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Puerta de Atocha)
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llega el canto a nosotros, los viajeros, tren de alta velocidad,
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y el punto que es Parla, o que más bién representa en la mente del
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infógrafo
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—azul, redondo— Parla, suena a la voz de una mujer a las cinco de la tarde,
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realidad al margen de estos dos bocados y
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de repente
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el paisaje en tránsito con el que soñaron los estetas:
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un cielo puro verde
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y un suelo puro azul.
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Hasta aquí
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de cómo las mortales
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quedaron por escrito.
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He corregido este poema
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cuando nada sobre lo que hablaba
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existía ya. He corregido este poema
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en autobuses baratos;
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he corregido en el lugar en el que corregía
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hace diez años.
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Es noviembre. Es miércoles. Al menos
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todo en orden: hace
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frío.
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Análisis métrico
50
Versos
10.4
Media silábica
518
Sílabas totales