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EN LA MUERTE DE CANDELARIO OBESO

Autor del poema: Havre-1884 Antonio José Restrepo
¡Obeso! alguna vez la musa mía 11
Pensando en tus dolores, 8
Supo dictarme aquella poesía, 10
Que acalló la profana vocería 11
Con que el vulgo humillaba tus amores. 13
Yo te llamé al camino de la gloria 12
A tu ambición abierto; 8
Te mostré el cielo y te mostré la escoria, 13
Y el lazo de esta vida aleatoria 12
Donde tu pobre corazón ha muerto. 11
Aquella vez alzaste la cabeza 11
Y brilló tu mirada 6
Con la soberbia luz de la grandeza, 11
Con la arrogante, varonil firmeza 12
Que hasta a las mismas penas anonada; 13
Y extendiendo tu brazo al infinito 12
Azul del firmamento 7
Borraste un nombre en tu memoria escrito, 14
—Nombre ominoso ya, pero bendito—, 12
Para hacer el solemne juramento: 12
De luchar hasta el fin de la pelea 11
Como leal soldado; 6
De ser como «El Herrero de la aldea» (1), 12
Que en el hierro que bate y que caldea 11
Hace brillar el pensamiento alado; 12
De dominar instintos y pasiones 10
Con la razón por guía; 6
De arrostrar tempestades y aquilones; 12
De limar, trabajando, las prisiones 11
De esta cárcel de horror muda y sombría. 12
Y de cantar al fin en las alturas 10
El secular hosanna 7
Del que depone, con las manos puras, 11
En la tumba las limpias vestiduras 11
Que llevó erguido en la tragedia humana... 14
¡Y ahora estás ahí!... Ya no pregona 12
Tu lira de poeta 6
La excelencia y virtud de tu madona, (2) 12
Ni el perezoso ribereño entona 13
Los dulces cantos de tu Musa inquieta, (3) 12
Ni depuestos los bélicos arreos, 10
En el combate ajados, 8
Buscarás nuevos lauros y trofeos 9
Trocando los cuarteles en liceos 10
Y enseñando la ciencia a tus soldados. (4) 12
Como tampoco escucharás las horas 12
En el reloj tardías 6
Componiendo «Baladas y Doloras»; 10
Ni alegrarán tus lúgubres auroras 12
De «Otelo» las grandiosas armonías. (5) 11
¡Otelo... Sombra para ti sublime, 11
Impiedad de los celos 7
Que el amor a Desdémona redime, 12
Serpiente silbadora que te oprime, 12
Que aprieta en sus anillos tus anhelos!... 13
El cantor de «La Lucha de la Vida», (6) 11
El vigoroso y fuerte, 7
¿Por qué fue de su ser el homicida? 11
¿Quiso buscar para el dolor egida 12
En el tranquilo sueño de la muerte? 11
Saciado habrá los únicos rencores 12
De su alma grande y buena; 8
Él no era de los nobles y señores 11
Y el parangón de razas y colores 10
Fue su constante y maldecida pena; 11
Como si en esa mísera crujía, 11
Donde ya en paz reposa, 8
—En vasta y silenciosa compañía— 10
Hubiera otra sagrada jerarquía 11
Que el nombre que dejamos en la losa. 12
Y el que de humilde cuna se levanta 12
Y con bellas acciones 6
El negro de su cutis abrillanta, 11
Ufano puede adelantar su planta 12
Al solio, á la tribuna y los salones. 12
Este próvido suelo colombiano 11
Tiene un cénit inmenso, 8
Y hay para todo sol un meridiano, 11
Y para todo huérfano un hermano, 11
Y para todo altar el mismo incienso. 12
¿Por qué, feliz «constelación de ideas», 11
Huérfano gemebundo, 7
En el camino del honor flaqueas? 10
¿Por qué dejas las órbitas febeas 10
Para robarnos el calor de un mundo?... 12
¡Ah, si cumplido hubieras la promesa 12
Que te recuerdo ahora 8
Con voz amiga y con el alma opresa, 12
Este reproche que en mis labios pesa 12
No avivara el dolor que me devora! 13
Mas el Destino te acechó cobarde 12
Y en infernal celada 7
Te venció de su triunfo haciendo alarde: 13
La gloria viene demasiado tarde, 11
Y cuando llega... ¡se convierte en nada! 11
Hiciste tu querer: así te plugo 11
Y el libre muere ufano; 8
¡Descansa en paz: ya no vendrá el verdugo, 13
De altar y trono so el protervo yugo, 12
A manchar tu cadáver con su mano! 11

Análisis métrico

100 Versos
10.6 Media silábica
1063 Sílabas totales