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LA HIJA DE JAIRO

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
I 1
¡Yo la amaba, la amaba!... Quedó yerta; 13
La muerte al fin le marchitó las rosas... 12
Yo estaba cerca de la niña muerta, 12
Llorándole las manos luminosas... 11
¡Yo la amaba, la amaba!... Sus colores 13
eran de rosa en la mañana aquella 13
y el rosa huyo como al morir las flores 13
cuando llegó la Muerte junto a ella. 12
¡Blanca, blanca!... ¡Qué blanca se me puso! 11
¡Cómo se disolvió con la blancura! 11
Su mano completó la vestidura... 11
¡Cómo prolonga el algodón el huso!... 12
¡Yo la amaba, la amaba!... Voces buenas 13
clamaron lejos: —¡El rabí ha tornado!— 12
Jairo partió en su busca y a mi lado 12
La blanca niña era una nube apenas..., 14
Llegó el rabino. Y todos fueron mudos, 12
Silenció su plañir la plañidera... 11
Llegó el rabino de los pies desnudos, 12
Maduro el trigo de la cabellera... 12
¡No es muerta,... duerme!... el tañedor reía... 11
¡No es muerta... duerme!, y Jairo sollozaba..., 12
y era una nube así la niña mía 12
y a su lado, temblando, yo la amaba... 12
—No es muerta... ¡duerme!... y le ordenó: ¡Levanta! 13
Y ella se alzó, delgada del martirio, 12
Y una voz le subió por la garganta 11
Como una abeja que abandona un lirio. 15
Y yo la amé de nuevo, resurrecta; 11
Su misma voz, su misma luz tenía, 10
Pero la Muerte la dejó perfecta 11
Con la blancura de morirse un día... 11
Murió de nuevo un día... Yo la amaba, 12
Mas sin remedio, se murió ese día... 11
—¡Vuelve, Rabino, vuelve!... yo clamaba, 11
pero el Rabino rubio no volvía. 11
Pasó la niña veinte siglos muerta, 11
Murió Cafarnaum de Palestina, 10
Y el alma mía, inútil y desierta, 10
Lloraba inmortal sobre la ruina. 11
¡Yo la amaba, la amaba!... Su blancura 13
la buscaba en la blanca nebulosa, 12
su cabellera entre la noche oscura 13
y en el poniente su color de rosa... 11
Y al fin la hallé... escondida entre los tules 14
De una puesta de sol, estaba Ella; 12
Su carne inmóvil entre dos azules 12
Inauguraba la primera estrella... 12
Y la encontré más blanca todavía, 10
Flotando en el azul, sin vestidura, 12
¡Qué blanca estaba así!... la niña mía 12
tras veinte siglos de blancura... 9
Clamé al amor entonces... Voces buenas 12
Dijeron a lo lejos: ¡Te he escuchado! 13
Clamé al eterno Amor... y a mi lado 12
La blanca niña era una nube apenas... 14
Llegó el amor. Los cielos fueron mudos, 12
Su leve paso silenció la esfera, 12
Llegó el eterno amor de pies desnudos, 13
Maduro el trigo de la cabellera... 12
No es muerta... ¡Duerme!... y le ordenó: ¡Levanta! 13
Y ella se alzó, delgada del martirio, 12
Y una voz le subió por la garganta 11
Como una abeja que abandona un lirio. 15
Y ha vuelto a mí... su cabellera oscura, 13
Su misma voz... pero en la mano fría 11
Con veinte siglos de amasar blancura 12
Persiste el miedo de morirse un día... 12

Análisis métrico

69 Versos
11.8 Media silábica
812 Sílabas totales