A CARLOS NOREÑA (EN EL NACIMIENTO DE SU PRIMER HIJO)
¡Ya coronó la dicha tus amores!
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Un hijo tienes ya, que habrá nacido
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Oyendo, cual los dulces ruiseñores,
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Músicas en los aires y en el nido.
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Sé que la madre de ventura loca
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Cifra en él sus más dulces embelesos,
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Y que en la fresca guinda de su boca
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Acendra miel con lágrimas y besos.
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Sé que a ti ya te enferman los sonrojos,
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Pues cada extraño que en tu bien repara
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Te dice que sus ojos son tus ojos.
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Que en su cara de cielo está tu cara.
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Y hablando la verdad, si se parece
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A su progenitor, yo lo bendigo;
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Ya verás cómo vive y cómo crece,
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Y halla en cada mortal un buen amigo.
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¡Todo igual a su padre! el mundo dice,
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Y tú lo miras, y con tierno arrullo
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Tu mano lo acaricia y lo bendice
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Con infinito amor y noble orgullo.
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Hoy tiemblas si en la cuna se menea,
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Y tiemblas cuando duerme sosegado,
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Y al ver que gesticula y pestañea
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Dices en tu interior: ¿qué habrá pensado?
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Ni la brisa sutil dejas que roce
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Su frente angelical; te ve y suspira,
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Y dices con pasión: ¡ya me conoce,
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Y ya me quiere hablar cuando me mira!
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Habrá que verte cuando ufano pasas
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Llevando al nuevo rey de tus amores,
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En un coche de mimbres y de gasas
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En triunfo por los anchos corredores.
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Seguro estoy de que gozoso gritas
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Cuando ves con qué gracia tu heredero
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Alza al aire las blancas manecitas
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Y agita el argentado sonajero.
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Y que, por más que está recién llegado
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A tu hogar, venturoso cual ninguno,
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Lo sueñas almirante y abogado,
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Capitán general, sabio y tribuno.
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Y lo miras del mundo en la faena
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Desdeñando lisonjas y oropeles,
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Y su mirada cándida y serena
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Te habla de gloria, aplausos y laureles.
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Siendo tan pequeñito lo ves hombre,
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Y hasta pretendes inquirir ufano
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Cómo pondrá las letras de su nombre
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El jazmín diminuto de su mano.
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Comprendo bien que el serafín te engríe,
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Que con él van tus horas muy de prisa,
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Y que miras a Dios si te sonríe,
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Pues está todo el cielo en su sonrisa.
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Miro a la joven madre en su recato
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Cómo lo baña en su mirar sereno,
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Y hallando en él tu amor y tu retrato,
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¡Le da toda la savia de su seno!
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Comprendo tu alborozo: en tu alma anida
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El más augusto y santo regocijo;
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¡Ser padre es ser devoto de la vida,
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Porque toda la vida está en el hijo!
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Hoy pensarás en todo; si te exalta
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El más ciego furor, pronto al mirarlo
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Exclamarás con miedo: ¡le hago falta!
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¡Yo no debo por nadie abandonarlo!
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Es nueva religión la que en él tienes;
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Al verlo tu esperanza fortificas,
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Y la mejor corona de tus sienes
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Es el inmenso amor que le dedicas.
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¿Nació para cantar? ¡destino santo!
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No lo veré; mi vida se derrumba
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A un abismo sin fin; pídele un canto
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A mi cariño a ti, sobre mi tumba;
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Dile que se estrecharon nuestras manos
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Cuando viniste a honrar el suelo mío,
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Que tú y yo nos quisimos como hermanos,
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Que le amo mucho, y que me llame tío.
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Que ha visto el claro albor de la existencia
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En esa fecha llena de esplendores
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En que mi patria ungió su independencia
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Con el grito del cura de Dolores.
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¡Dios te vele esa joya de valía,
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Tenga en el mundo mirtos por alfombra,
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Y que mañana puedan tú y María
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Entrelazar sus canas a su sombra!
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Análisis métrico
84
Versos
11.5
Media silábica
970
Sílabas totales